Apenas bajaba a Jericó
Quería beber agua de las fuentes y refrescarme en el Jordán
Los asaltantes me atacaron sin piedad
Mis ropas se rasgaron
Me golpearon
Me dejaron solo
Caído en el suelo
Estoy sucio, desnudo, con heridas abiertas, abandonado y oprimido
Llevaron mi nombre
Tengo cara de dolor y hambre
Quiero un abrazo, quiero una mano extendida
Quiero sentir mi alma acogida
Pido solo un gesto de caridad
Y amor verdadero
Recuerdo a aquel hombre de la Ley
La pregunta que hizo
¿Qué es necesario hacer para heredar la vida eterna?
Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma
Con todas tus fuerzas y con todo tu entendimiento
Y ama a tu prójimo como a ti mismo
Padre
¿Quién es mi prójimo?
Muchos pasaron, todos me despreciaron
Me miran
No tengo rostro, no tengo color
Estoy aquí
Solo me queda el abandono y el dolor
Nadie me ve
Muchos pasaron
Algunos sacerdotes y levitas también
Puros y amables en público
Pero en el camino de la vida, sin embargo
Fríos y ciegos diciendo amén
No son prójimos de nadie
Padre, la generosidad no tiene identidad, cara, color o nacionalidad
El único que me trató como un verdadero hermano
Aquel Buen Samaritano
Discriminado en el templo, pero con un enorme corazón
Tuvo piedad y compasión
Me tendió la mano
Cuidó de mis heridas y del alma oprimida
Gastó su vino y aceite conmigo
Y en la posada
Dejó dos denarios
Su generosidad me salvó
Su generosidad me salvó
Recuerdo a aquel hombre de la Ley
La pregunta que hizo
¿Qué es necesario hacer para heredar la vida eterna?
Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma
Con todas tus fuerzas y con todo tu entendimiento
Y ama a tu prójimo como a ti mismo
Padre
¿Quién es mi prójimo?